#9 exilio interior*

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I
Lo busque por toda la casa, en el baño, en el ropero, en las ventanas sobre todo en las ventanas. Incluso lo busque en tus sueños como quien busca en algodón de feria. Desesperado, busqué en mis propios sueños; en el océano de barro en las promesas que me repito en las noches. Le pregunté a una ballena si lo había visto, entonces entendí que las ballenas no sabemos nada de amor y que yo nunca volvería a tus sueños.

II
-Capitán!, las ballenas dijeron que seguiría aquí – me dijo el chico de papel como solo las cosas de papel saben decirlo- dicen que no volverá al mar, que ahora sus pies son dos anclas en el centro de la tierra y sus ojos son de arena que ya no hay viento que en su alma sople que…

-sabes que esto es un sueño?

- sabe acaso mi capitán cuando esta soñando?

- se que esto no es real

-¿de que realidad habla mi Capitán?¿la realidad de los ojos o la realidad del cuerpo? ¿Qué realidad hay en el reflejo de un reflejo o el recuerdo de un recuerdo? Mirad mi capitán la mar, como si tanta agua pudiese entrar en tan pocas letras.

(No hay más palabras)

III
Intentaba volver al mismo sueño, a las olas, al sol, al viento, a las grandes mentiras negras hundiéndose en el fondo del mar. Como un corazón de trapo tratando de volver a casa a un pecho extraño a un cuerpo tibio a una vida distinta y al resto de cosas que ya no me importan.

IV
Cuando por fin volví al sueño el niño era un hombre de papel, alguien había dibujado un barco en sus ojos, se pasea entre ballenas muertas en la arena con el dolor de los abandonados.

Y el eco de las canciones de esas ballenas aun embriagaba el cielo haciendo pequeñas tormentas con tu nombre en ellas.


*nombre tomado de una exposición de fotos
** imagen de Roland Tamayo


2 comentarios:

Adriana dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Javier dijo...

melancolia juguetona, nostalgia por el cronotipo idilico, manejo sobresaliente del ritmo para crear climax, la subversion que solo puede dar el sinsentido... siento que tu poesia madura, hans